Son como sus hijos. El afecto que les tiene y la alegría de ellos al verla con su chaleco verde por las calles de Cúcuta se siente en el ambiente.
Todos los días, María Elena Hernández ve en quienes recorren las calles, habitan los canales y duermen en los puentes, el reflejo de su hijo Brayan, el joven que recuerda con profundo amor de madre y que debido a las drogas, se convirtió desde hace años en un habitante de calle.