"Uno cuesta 70; dos, 120". El repartidor muestra unas bolitas de plástico a una joven a la entrada de su edificio en un barrio elegante de París, donde, como en la mayoría de ciudades europeas, la cocaína sudamericana inunda el mercado.
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Esta noche, la clienta se contentará de un único gramo. Una vez recuperados los 70 euros (unos 76 dólares) de la joven, Hassan (nombre ficticio) se sube a su motoneta y vuela hacia su próxima entrega.