Darwin Córdoba es uno del millón de habitantes de Cúcuta que a diario transita por sus calles. Cuenta que su vida transcurría con normalidad hasta que se infectó de la COVID-19, una enfermedad que por poco acaba con su vida por tomar, según dice, una mala decisión: no vacunarse.
Este venezolano que vive en la capital nortesantandereana, a diario, adelantaba sus labores en un establecimiento de comidas rápidas en el hermano país, donde considera que se infectó y vivió un vía crucis que comenzó a mediados de octubre, hasta acabar en la ciudad de Bucaramanga, donde se recuperó en las primeras semanas de diciembre.
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