Cúcuta no ha contado con suerte ni con alcaldes que se preocupen por algo tan elemental e importante para su planeación, precisa ubicación de los predios y vías, como lo es la nomenclatura.
Este olvido garrafal ha llevado a esta capital, a lo largo de los años, por caminos inciertos en los que nadie -ni propios y extraños- se logra ubicar, sencillamente porque adolece de identificación, de patente que señale en dónde estamos parados y hacia dónde podemos dirigirnos en la búsqueda de alguna dirección.
Por donde quiera que se camine, en la ciudad siempre se va por calles y avenidas inciertas, sin nombre ni placas que las identifique, algo que desdice de los anuncios de alcaldes y políticos cuando hablan de querer convertir a Cúcuta en una ciudad competitiva, sostenible, moderna e inclusiva.