El paisaje de Cúcuta, que ya estaba alterado con la invasión del espacio público que protagonizan los vendedores informales, ahora está cobrando dimensiones de ‘epidemia’ por cuenta del desorden y la ubicación de elementos para promocionar el comercio en todas sus manifestaciones.
Estamos hablando de lo que se encuentra colgado de árboles, cuerdas, postes y hasta de las azoteas de casas y edificios, pero también de lo que nos encontramos atravesados en andenes y calzadas, que no nos permite la libre movilidad y que nos distrae y nos puede llevar a protagonizar un accidente.
Se trata de lo que los ambientalistas y urbanistas denominan contaminación visual, que en Cúcuta está salida de control y tiene convertida la ciudad en una colcha de retazos que la hacen ver fea, atrasada y desactualizada.