El llanto de Patricia no ha parado de correr por su rostro desde el día en que desconocidos la abordaron cuando caminaba por el centro de la ciudad y en un espabilo suyo le robaron su cabello y huyeron con rumbo desconocido.
Fue en cuestión de segundos que sucedieron los hechos en uno de los sitios más concurridos y vigilados de la capital nortesantandereana: el emblemático parque Santander.
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