Édgar Amaya León abrigó desde niño la ilusión de hacerse marino, echarse a la mar en un enorme buque y conocer el mundo, por eso cuando cumplió la edad para hacerlo se enlistó en la Armada de Colombia y fue así como logró vestir el traje blanco característico de los hombres y mujeres que protegen “el azul de la bandera”.
Estos inicios los recuerda con mucha nostalgia, porque marcaron su vida con cosas buenas y otras que prefiere dejar ahí en lo recóndito de su memoria, además porque de manera fortuita lo llevaron a la profesión que hoy, a sus 58 años, ejerce en el puerto de Santa Marta, como buzo industrial.
Esta es una profesión, al igual que la militar, de mucho riesgo, porque la vida cuando se está en el campo de batalla depende de la puntería certera del enemigo, y bajo el agua a grandes profundidades, del oxígeno que llega a la escafandra como un cordón umbilical.