Erradicadas y llevadas a los galpones de la Nueva Sexta de Cenabastos, de nuevo volvieron a inundar las calles del centro y muchas ya están a solo una cuadra de la sede de la alcaldía sin ninguna resistencia de las autoridades.
El fenómeno agarró ventaja en la administración de Jairo Yáñez, porque la tan anunciada política del espacio público que se anunció no alcanzó a cuajar y ello se presentó como una oportunidad para que los vendedores informales de las 16 asociaciones y 15 cooperativas se acomodarán en donde más pudieron en el cuadrante del centro de la ciudad.
La invasión de ventas callejeras copó por completo las avenidas 5, 6, 7 y 8 entre calles 4, 5, 6, 7, 8 9, 10, 11 y 12, impidiendo por completo la movilidad de los ciudadanos y generando una percepción de desorden e inseguridad.