Gloria Mejía, de 38 años, madre de cuatro hijos, confiesa que en los últimos meses ha podido dormir tranquila, algo que no lograba hacer por el temor de que el agua de la quebrada Tonchalá se le metiera a su casa, como ocurrió el martes 17 de noviembre del año pasado.
Esa noche, las fuertes lluvias sacaron de su cauce las aguas del afluente y las desbordó de manera inmisericorde hacia el conjunto Los Arrayanes, donde pernoctaba Gloria con sus cuatro pequeños.
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“Fue algo espantoso porque en cuestión de minutos teníamos todos los bloques de apartamentos inundados, el agua subió dos metros de nivel, las motos y carros, literalmente, flotaban en el agua y la gente gritaba e intentaba salvar cosas de sus apartamentos”, recordó la afectada. El agua se había metido con fuerza, como nunca antes había ocurrido en la ciudad en este humilde sector de Cúcuta.