El paso por los puentes que se construyeron a un costado de la terminal de transporte de Cúcuta y donde permanece el monumento del Indio está convertido en toda una tortura para quienes deben ir en horas nocturnas del centro a Atalaya y al norte de la ciudad, y viceversa.
Todo porque el sistema de alumbrado público con que quedaron dotados los tres viaductos y que funciona con luz solar está fuera de servicio y ello deja en la más completa oscuridad la zona, propicia para que las bandas criminales al servicio del narcotráfico la tengan convertida en olla y atracadero.
Según las denuncias que conoció La Opinión de los propios afectados, residentes en Atalaya y barrios aledaños, se presentan atracos a mano armada “así se movilice uno en motocicleta, cicla o carro, igual se corre peligro”, dijo Samuel Quintero, empleado de una ferretería que funciona en el centro.