Oficios hay que van quedando agazapados en los recovecos del tiempo y acaso las nuevas generaciones ni tengan referencia de ellos, por no estar en el radar de los adelantos tecnológicos, al tratarse de tareas que se hacían con los recursos disponibles, más con mística y deseos de servir.
Ejemplos como el tintorero que era un artesano de la ropa, el afilador de cuchillos que producía estrellas en su desgastado esmeril, el viejo sereno armado de pito y garrote, el pregonero y recadero apreciados en sus comunidades por prestar un servicio, aunque pareciera sencillo pero que tenía su razón de ser, en aquellos años en los que se respetaba más por el don de gente y honestidad que por la riqueza.
