Cúcuta siempre tuvo lo mejor de lo mejor sí de edificaciones arquitectónicas se trata. Y es que la ciudad “noble y valerosa” además de ser un punto estratégico fronterizo y destacarse a nivel económico, también cuenta con un gran valor histórico que pocos conocen.
Entre 1830 y 1875, Cúcuta ya contaba con la primera máquina para fabricar ladrillos y tejas, la primera máquina de coser y hasta ya se había construido el puente San Rafael.
Una ciudad antigua, donde las viviendas tenían diseños coloniales tipo claustro, y las personas se comunicaban a la calle a través de zaguanes.