Aunque el plan no les salió como lo tenían contemplado y creyendo que jamás sabrían quién mató a los esposos y empresarios José Édgar Pérez Parada y Gloria María López Paredes, dos de los presuntos homicidas decidieron quedarse y hacer como si nada hubiese pasado en Chinácota.
El descaro de uno de ellos fue tal, que siguió trabajando tranquilamente en la finca La Palestina, propiedad de las víctimas, bajo el mando de los herederos. “Seguramente creyó que no resolveríamos este caso”, comentó una fuente judicial.
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