El panorama que rodeaba la escena de la masacre afuera de una institución educativa, la noche del sábado, era devastador.
Junto a un vehículo, yacía el cuerpo sin vida de un hombre, mientras sus familiares, desolados, se aferraban al consuelo mutuo en medio de la tragedia que estaban atravesando.
El lugar estaba acordonado y teñido de sangre, producto del ataque a bala que dejó cinco víctimas más.
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