Llegar a Tibú no es tan fácil. Antes de recorrer esos 116 kilómetros que conectan a Cúcuta con esa población, por una vía que se ha mantenido por obra y gracia del Espíritu Santo, hay que pedirle protección a Dios, pues en el viaje, que dura hasta tres horas y media, cualquier cosa puede pasar.
Hace cinco años, cuando se dio la firma de la paz con las Farc, que, para ese entonces, era uno de los actores ilegales más fuertes del Catatumbo y que implantó una era de terror, se creyó que con su salida del escenario del conflicto armado, de maneara pacifica, todo iba a cambiar en esta población y la situación mejoraría. Pero no fue así.
Si quieres tener acceso ilimitado a toda la información de La Opinión, apóyanos haciendo clic aquí: http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion
Hoy, en este municipio donde viven alrededor de 37.000 personas, pareciera que el tiempo retrocedió 30 años y que la época violenta que se vivió en aquel entonces se recrudeció de tal forma, que a cualquier hora del día o de la noche se puede registrar un asesinato, un secuestro o un atentado armado o con explosivos.