Sin mirar atrás, Franyeli Mariana Moreno, preparó un bolso con las prendas necesarias para vestir y, de la mano de su mamá, se armó de valor y pasó la raya fronteriza hasta llegar a Cúcuta.
De eso hace tres años. Venía con mucho optimismo, tal como lo han hecho miles de migrantes venezolanos. De este lado la esperaba un primo que emprendió el viacrucis mucho antes.
Allá se le cerraron las puertas al estudio de veterinaria y a toda posibilidad de surgir como profesional y artista. Y lo dice con un dejo de tristeza. Eso la impulsó a migrar, también con su único hermano cantante.