Para Rosa Falcón era "inhumano" ver a cientos de migrantes durmiendo en las calles de la ciudad estadounidense El Paso, Texas, con temperaturas hasta bajo cero, por lo que una noche decidió darle refugio a una familia en su propia casa. Y desde entonces no paró.
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"Con todo lo que han vivido, dejarlos así a la deriva, en la calle, se me hace ilógico e inhumano", contó Falcón durante una de sus ahora acostumbradas rondas nocturnas por el centro de la ciudad, vecina de la mexicana Ciudad Juárez, que acumula décadas de historia y tradición migratoria.