La mujer a lo largo de la historia se ha constituido en la pieza fundamental en el engranaje del núcleo primario de la sociedad, como es la familia. Sin embargo, regímenes totalitarios utilizan artimañas para coartar la libertad de las lideresas sociales que buscaban un bien común en defensa de los territorios ocupados por los invasores.
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Quienes se atrevían a levantar la voz de protesta por los vejámenes eran sindicadas de practicar la brujería y condenadas al cadalso por la Santa Inquisición, por blasfemar a Dios.