Un fortachón de casi dos metros de alto, con dificultades para pronunciar los vocablos de la lengua castellana, sin temor a los contagios e inmune a las distintas enfermedades, se inmortalizó durante la época de la Independencia por echarse los cadáveres al hombro y llevarlos hacia el ‘Cerro de las Ovejas’ ubicado al sur del municipio de Ocaña.
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Así describe el cronista, Ciro Osorio Quintero, en su libro El Valle de los Hacaritamas, al ‘Chabacano’ dedicado a cargar a las personas fallecidas de fiebre amarilla en la época donde no existían los lujosos servicios funerarios y hornos crematorios.