Los legendarios personajes que se paseaban por las calles empedradas de la Hidalga Villa de Caro se perpetúan en las paredes de las viejas casonas de los barrios históricos del municipio de Ocaña.
La iniciativa surgió entre los líderes comunales del sector de la Costa donde los pinceles del maestro Alexander Motta Pallares inmortalizan al encomendero español, Antón García de Bonilla, cuyo fantasma aparece en las noches oscuras de la comarca, según reza la tradición popular.
Los representantes de la vieja guardia aseguran haber visto el alma en pena del jinete, montado en su corcel, implorando clemencia a Santa Rita, por incumplir la promesa de regalar un manto bordado en hilos de oro a cambio de la curación de las sobrinas.