Esta semana, el proceso de paz entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y la guerrilla del Eln cumplió su primer año, con más dudas que certezas frente a los avances conseguidos hasta el momento en la mesa de negociación y la sombra de una ‘Paz total’ que no termina de convencer a los colombianos.
Además del cese al fuego bilateral decretado en agosto pasado, en regiones como Norte de Santander se siguen reclamando acciones urgentes como el desescalamiento de las hostilidades contra la población civil, especialmente el secuestro y la extorsión, que no dan tregua en la región. Este asunto, sin embargo, sigue siendo un inamovible para el Eln, mientras que la delegación del Gobierno insiste en que debe ser un tema obligado en el quinto ciclo de conversaciones que está por conversar.
Minutos antes de ser designado como nuevo alto comisionado para la Paz por parte del presidente Gustavo Petro, Otty Patiño, jefe de la delegación del Gobierno en la mesa de diálogos con esta guerrilla, habló con La Opinión sobre el primer año de la negociación y los impactos de esas conversaciones para un departamento fronterizo como este.