En tiempos de la cometa, los vientos se cuelan en los solares de las viejas casonas para mover las ramas cargadas de las famosas cocotas, maduradas bajo el sol canicular en los municipios de la provincia de Ocaña.
Esa fruta típica de la región es distribuida en las plazas de mercado, enviadas en cajas de cartón hacia las distintas capitales del país e incluso grandes metrópolis latinoamericanas.
Los coterráneos emprenden cruzadas para la recolección de la cosecha en el mes de agosto y ofrecerla en las carretas para saciar el antojo de los transeúntes. Niños y jóvenes desafiando las leyes de la gravedad se trepan a los árboles para alcanzar el fruto que representa unos pesitos con miras de la temporada alta de fin y comienzos de año.