El viejito llegó muy temprano y debió esperar a que el empleado de la morgue iniciara su turno de trabajo para hacer la diligencia que lo trajo hasta el Hospital Universitario Erasmo Meoz.
Los que lo vieron llegar ya tenían un buen rato de estar allí, entre ellos algunos familiares de personas asesinadas la noche anterior que venían a reclamar los cuerpos y uno que otro periodista en busca de la noticia que sirviera para abrir la página judicial al día siguiente.