Fernando Sánchez quiso ser matador de toros y empezó desde los 14 años en el mundo taurino como un legado de su padre. Con más de seis décadas a cuestas esa afición perdura y es su razón de ser porque dice que la lleva en la sangre.
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Llegó a Cúcuta el 6 de enero de 1979 en tránsito hacia Venezuela, sabiendo que en la nación vecina había futuro para un novel novillero en busca de lograr el sueño de ser una figura de renombre en el toreo mundial, pero por cosas de la vida se quedó en Cúcuta, donde ya lleva 43 años.