De niña, Enma Pescador se sentaba con su abuela a contemplar los colibríes que chupaban flores en el patio de su casa en el interior de Venezuela. Ahora recibe a cientos en su jardín en Caracas, considerada un "edén" para estas aves.
Ella ha visto al menos 26 de las 35 especies identificadas en Caracas y sus adyacencias desde que comenzó a poner bebederos hace unos 10 años, inspirada en aquellas tardes con su abuela.
La escena es surrealista: bandadas de colibríes, que se desplazan a entre 50 y 120 km/h, se apoderan del espacio. Son tantos que el zumbido que emiten al batir las alas se escucha nítido.