Después de levantar pesados troncos y hurgar entre las piedras, la bióloga Andrea Terán al fin puede decir ¡eureka!. En sus manos tiene una de las dos especies de rana que libran una singular batalla legal contra la minería en Ecuador.
Empapada por el agua helada que baja de una cascada cristalina, Terán estudia la frágil vida de la rana cohete resistencia (aún sin nombre científico) y de la arlequín hocicuda (Atelopus longirostris), que se creía extinta desde hace 30 años.
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