Atraído por el ruido del teclado, los clics del pequeño mouse, los sonidos que provenían del computador de mesa compartido y las expresiones de su hermano mayor, que cambiaban conforme trascurrían las horas, llevaron a Leonardo Sáenz a mirar con detenimiento y pasión el fascinante mundo de los videojuegos.
El niño, de tan solo 8 años, a expensas de seguir los pasos de su hermano Armando, decidió crearse una cuenta en Dota 2. Sin embargo, no fue suficiente, pues para jugar como su hermano tenía que entrenar y mejorar si quería a estar a su par.
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