El Parque Santander fue por décadas el espacio donde las gitanas ofrecían leer la suerte en las líneas de la mano a distraídos transeúntes camino a sus trabajos o diferentes diligencias en el corazón comercial de la muy noble ciudad de Cúcuta.
Expertas en la práctica de la quiromancia era habitual verlas ataviadas de vaporosos trajes de mucho colorido, collares y pulseras que junto a un maquillaje acentuado le daban un aire de misterio y sensualidad.