Después de contar con más de 60 años en el territorio cucuteño, los grupos indígenas Inga y Kichwa han logrado generar ciertos lazos comerciales y sociales con una parte importante de los habitantes de la ciudad, llegando a encontrar una estabilidad que les ha ayudado a crecer como población y cultura.
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Sin embargo, esta proximidad con el ambiente de ciudad y las dinámicas vanguardistas del habitante promedio de Cúcuta, ha afectado en gran medida el interés por preservar y fomentar el conocimiento cultural y ancestral, especialmente su lengua que en varias familias de estas comunidades ha sido olvidada.