Julio Hernández y Rosalba Parada nunca imaginaron que al regalarles dos flautas dulces a sus hijas, María Carolina y Mónica Juliana, sería el primer paso para que se convirtieran en músicos destacados en Alemania, en donde llegaron a seguir estudiando.
Hoy, son connotadas profesoras de flauta y violín, instrumentos que dominan a la perfección.
Ese primer paso de intentar sacarle sonidos, lo hicieron cuando tenían cuatro y cinco años.
De esta manera la casa localizada en el barrio Cariongo de Pamplona, todos los días se llenaba de sonidos agudos, que se hacían incansables.