La espiral de violencia como consecuencia de la disputa territorial de los grupos al margen de la ley y la falta de políticas agropecuarias claras por parte del Estado están ocasionando el desplazamiento de la mano de obra joven de los campos hacia las grandes ciudades del país.
En las fincas del Catatumbo sobrevive una población adulta mayor con los cultivos tradicionales ya que los hijos, nietos y sobrinos han salido desplazados debido a la confrontación armada.
Muchos de los moradores de la región sufren el desplazamiento forzado y conforman los cordones de miseria de las capitales, desarrollando actividades informales como el mototaxismo o transporte informal tan acentuado en el municipio de Ocaña.
“Un joven adquiere una motocicleta, recorre las calles y se echa al bolsillo entre 30 a 50 mil pesos diarios para superar la crisis vivida en el sector campesino. Ya no regresa a cultivar la tierra”, afirmó Ángel Eduardo Sánchez Bacca, quien adelanta una investigación sobre el particular. El dirigente y defensor de Derechos Humanos Luis Emil Sanabria Durán manifestó que el fenómeno es preocupante por el grado de abandono y sin posibilidad de desarrollo en todos los aspectos como salud, educación, producción agropecuaria, comercialización, ciencia y tecnología.