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Economía
El particular secreto detrás del éxito del durazno de Chitagá
La historia del durazno en Chitagá refleja la astucia de los agricultores para prosperar en condiciones climáticas desafiantes. Mediante ingenio agrícola y creatividad, transformaron la economía y la identidad cultural.
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La opinión
La Opinión
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En las verdes montañas del Páramo del Almorzadero, a tres horas de Cúcuta, se encuentra Chitagá, un rincón colombiano donde la naturaleza y la gente han tejido una historia fascinante alrededor del durazno. Hace 17 años, este pequeño municipio solía depender en gran medida de las plantaciones de papas, pero hoy, la historia ha cambiado. El durazno se convirtió en el protagonista de una nueva ruta económica y cultural.

Pero cultivar duraznos aquí no es tan sencillo como plantar y esperar. Estas frutas, típicas de climas más frescos y estaciones bien definidas, necesitan experimentar las cuatro estaciones para ofrecer sus frutos en plenitud. Sin embargo, en Chitagá, los agricultores han desplegado una astucia única para engañar a los árboles, haciéndolos creer que están viviendo en otras condiciones climáticas, incluso induciendo cambios de estaciones.

Los árboles frutales, originarios de China y que prosperan mejor en altitudes entre los 600 y 2.000 metros, encontraron en Chitagá un hogar excepcional. Aunque el municipio ocupa el segundo lugar en mayor altitud en Norte de Santander, los campesinos, conscientes de la crisis de la papa, decidieron abrazar la prometedora opción del durazno. Este cambio marcó un hito en la historia de Chitagá, donde la sabiduría y la adaptabilidad de su gente han transformado desafíos en oportunidades fructíferas.

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