“Cuando llegué al sitio del accidente y vi todo desintegrado, tanto el avión como los pasajeros, fue impactante. Llevaba mi bolsa de polietileno en la mano con todas las ganas de ayudar, pero con una mínima esperanza de encontrar a alguien con vida. Yo me encontré con un vecino de la zona, quien me dijo ‘yo le guío y colaboro en el camino, pero no me pida que meta nada en esa bolsa’. Así hicimos…”, contó el capitán Agustín Díaz Rodríguez, quien desde hace 48 años integra las filas del Cuerpo de Bomberos de Cúcuta.
Ese jueves 17 de marzo de 1988, hace 35 años, los cientos de civiles, socorristas, bomberos, protección civil, Cruz Roja y lugareños, no pudieron hacer nada. Solo sabían de la noticia del accidente del Boeing HK-1716 de Avianca, pero a todos les tocó aguardar esa noche al pie del cerro El Espartillo.
“Era increíble la cantidad de gente que fue a prestar su ayuda, cuando yo llegué, el mismo 17 como a las 5 p.m. ya había muchos allí viendo qué hacer”, relató. “Pero ya era muy tarde, y la noche nos iba a agarrar en plena subida, el sargento de la policía que estuvo a cargo, nos dijo que había que esperar hasta el otro día”.