Escondido tras una puerta, Alejandro mira el carro blanco parqueado en la esquina. Descansa jadeando, acaba de pegar una carrera corta, un sprint tipo Usaín Bolt en las olimpiadas. Pero Alejandro no busca una medalla, quiere ocultarse. Asomado allí revela que, al menos, tiene el interés por ser atrapado. No lo persigue la policía, ese carro blanco no es un “tombo”, se trata de un carro particular.
Alejandro no tuvo mucha paciencia y sale corriendo, se para frente al carro y grita: “Estoy con mi papá”, y señala a un grupo de personas muy cerca. Alejandro reinicia la carrera y se esconde detrás de un arbusto muy cerca. El señor Gonzalo sale del grupo con su franela amarilla, una gorra roja acompañando su paciencia. Se para justo al lado de la ventanilla del copiloto que se abre a medias y una cara rubia se asoma.
-¿Cómo está señor Gonzalo?
- Hola, doctora, ¿bien y usted?
- Bien. Vine a buscar a Alejandro, vi que salió corriendo y se escondió allí.
- Sí, él quiere dormir conmigo hoy.
- Exacto señor Gonzalo, pero si no regresa va a perder el programa, va a perder la oportunidad de ayudarle.