Señor, gracia del altísimo,/ Que nos proteges en todo momento,/ Se tú nuestro escudo protector, nuestra fuerza de impulso,/Saca de este cuerpo el mal que aqueja a esta persona,/ Que en tu nombre, no pueda volver a hacer daño,/ Que se extinga como el fuego de una vela,/ Que se disuelva como el agua a través de las manos,/ Porque al final de los tiempos, solo tú perdurarás,/ Y tu eterno amor,/ Amén.
Esta oración pronunciada con la fuerza de la fe por un sacerdote practicando un exorcismo puede ahuyentar a los demonios, expulsándolos de un cuerpo atormentado para que encuentre alivio a su mal y sosiego a su espíritu.
La religión desde diferentes doctrinas y culturas a lo largo de la historia acepta la presencia del diablo, y el exorcismo como una herramienta para la liberación de una persona e incluso la limpieza de una casa o de un lugar en particular, de la presencia de fuerzas malignas, situaciones que en muchos casos para la ciencia no tienen explicación.