Los taxistas que integran la llamada Mancha Amarilla tienen sus propios códigos para trabajar en la plaza y son muchas las anécdotas y experiencias que viven durante las extenuantes jornadas, laborando unos en el día y prefiriendo otros las noches de Cúcuta, tan rumberas y cálidas, pero también con la asechanza de peligros que pueden ser del mundo de los ‘muy’ vivos, como otros venidos de ultratumba.
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